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	<title>Escritores y Poetas &#187; Escritores españoles</title>
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	<description>Cuando el corazón escribe.</description>
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		<title>Poema Abril florecía de Antonio Machado</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Apr 2010 02:07:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Estudiante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema naturaleza]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Machado]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas Españoles]]></category>

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		<description><![CDATA[Abril florecía frente a mi ventana. Entre los jazmines y las rosas blancas de un balcón florido, vi las dos hermanas. La menor cosía, la mayor hilaba &#8230; Entre los jazmines y las rosas blancas, la más pequeñita, risueña y rosada ?su aguja en el aire?, miró a mi ventana. La mayor seguía silenciosa y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">Abril florecía<br />
frente a mi ventana.<br />
Entre los jazmines<br />
y las rosas blancas<br />
de un balcón florido,<br />
vi las dos hermanas.<br />
La menor cosía,<br />
la mayor hilaba &#8230;<br />
Entre los jazmines<br />
y las rosas blancas,<br />
la más pequeñita,<br />
risueña y rosada<br />
?su aguja en el aire?,<br />
miró a mi ventana.</p>
<p style="text-align: center;">La mayor seguía<br />
silenciosa y pálida,<br />
el huso en su rueca<br />
que el lino enroscaba.<br />
Abril florecía<br />
frente a mi ventana.</p>
<p style="text-align: center;">Una clara tarde<br />
la mayor lloraba,<br />
entre los jazmines<br />
y las rosas blancas,<br />
y ante el blanco lino<br />
que en su rueca hilaba.<br />
?¿Qué tienes ?le dije?<br />
silenciosa pálida?<br />
Señaló el vestido<br />
que empezó la hermana.<br />
En la negra túnica<br />
la aguja brillaba;<br />
sobre el velo blanco,<br />
el dedal de plata.<br />
Señaló a la tarde<br />
de abril que soñaba,<br />
mientras que se oía<br />
tañer de campanas.<br />
Y en la clara tarde<br />
me enseñó sus lágrimas&#8230;<br />
Abril florecía<br />
frente a mi ventana.</p>
<p style="text-align: center;">Fue otro abril alegre<br />
y otra tarde plácida.<br />
El balcón florido<br />
solitario estaba&#8230;<br />
Ni la pequeñita<br />
risueña y rosada,<br />
ni la hermana triste,<br />
silenciosa y pálida,<br />
ni la negra túnica,<br />
ni la toca blanca&#8230;<br />
Tan sólo en el huso<br />
el lino giraba<br />
por mano invisible,<br />
y en la oscura sala<br />
la luna del limpio<br />
espejo brillaba&#8230;<br />
Entre los jazmines<br />
y las rosas blancas<br />
del balcón florido,<br />
me miré en la clara<br />
luna del espejo<br />
que lejos soñaba&#8230;<br />
Abril florecía<br />
frente a mi ventana.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Poema Noche de Verano de Antonio Machado</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Mar 2010 17:23:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Estudiante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poemas cortos]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Machado]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Poeta Español]]></category>

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		<description><![CDATA[Es una hermosa noche de verano. Tienen las altas casas abiertos los balcones del viejo pueblo a la anchurosa plaza. En el amplio rectángulo desierto, bancos de piedra, evónimos y acacias simétricos dibujan sus negras sombras en la arena blanca. En el cénit, la luna, y en la torre, la esfera del reloj iluminada. Yo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es una hermosa noche de verano.<br />
Tienen las altas casas<br />
abiertos los balcones<br />
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.<br />
En el amplio rectángulo desierto,<br />
bancos de piedra, evónimos y acacias<br />
simétricos dibujan<br />
sus negras sombras en la arena blanca.<br />
En el cénit, la luna, y en la torre,<br />
la esfera del reloj iluminada.<br />
Yo en este viejo pueblo paseando<br />
solo, como un fantasma.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Égloga III &#8211; Tirreno Alcino de Garcilazo de la Vega</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Feb 2010 03:16:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Estudiante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poemas del Alma]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Garcilazo de la Vega]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas Españoles]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquella voluntad honesta y pura, ilustre y hermosísima María, que en mí de celebrar tu hermosura, tu ingenio y tu valor estar solía, a despecho y pesar de la ventura que por otro camino me desvía, está y estará en mí tanto clavada, cuanto del cuerpo el alma acompañada. Y aún no se me figura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aquella voluntad honesta y pura,<br />
ilustre y hermosísima María,<br />
que en mí de celebrar tu hermosura,<br />
tu ingenio y tu valor estar solía,<br />
a despecho y pesar de la ventura<br />
que por otro camino me desvía,<br />
está y estará en mí tanto clavada,<br />
cuanto del cuerpo el alma acompañada.<br />
<span id="more-559"></span><br />
Y aún no se me figura que me toca<br />
aqueste oficio solamente en vida;<br />
mas con la lengua muerta y fría en la boca<br />
pienso mover la voz a ti debida.<br />
Libre mi alma de su estrecha roca<br />
por el Estigio lago conducida,<br />
celebrándose irá, y aquel sonido<br />
hará parar las aguas del olvido.</p>
<p>Mas la fortuna, de mi mal no harta,<br />
me aflige, y de un trabajo en otro lleva;<br />
ya de la patria, ya del bien me aparta;<br />
ya mi paciencia en mil maneras prueba;<br />
y lo que siento más es que la carta<br />
donde mi pluma en tu alabanza mueva,<br />
poniendo en su lugar cuidados vanos,<br />
me quita y me arrebata de las manos.</p>
<p>Pero por más que en mí su fuerza pruebe<br />
no tomará mi corazón mudable;<br />
nunca dirán jamás que me remueve<br />
fortuna de un estudio tan loable.<br />
Apolo y las hermanas todas nueve,<br />
me darán ocio y lengua con que hable<br />
lo menos de lo que en tu ser cupiere;<br />
que esto será lo más que yo pudiere.</p>
<p>En tanto no te ofenda ni te harte<br />
tratar del campo y soledad que amaste,<br />
ni desdeñes aquesta inculta parte<br />
de mi estilo, que en algo ya estimaste.<br />
Entre las armas del sangriento Marte,<br />
do apenas hay quien su furor contraste,<br />
hurté de tiempo aquesta breve suma,<br />
tomando, ora la espada, ora la pluma.</p>
<p>Aplica, pues, un rato los sentidos<br />
al bajo son de mi zampoña ruda,<br />
indigna de llegar a tus oídos,<br />
pues de ornamento y gracia va desnuda;<br />
mas a las veces son mejor oídos<br />
el puro ingenio y lengua casi muda,<br />
testigos limpios de ánimo inocente,<br />
que la curiosidad del elocuente.</p>
<p>Por aquesta razón de ti escuchado,<br />
aunque me falten otras, ser merezco.<br />
Lo que puedo te doy, y lo que he dado,<br />
con recibillo tú yo me enriquezco.<br />
De cuatro ninfas que del Tajo amado<br />
salieron juntas a cantar me ofrezco:<br />
Filódoce, Dinámene y Climene,<br />
Nise, que en hermosura par no tiene.</p>
<p>Cerca del Tajo en soledad amena<br />
de verdes sauces hay una espesura,<br />
toda de yedra revestida y llena,<br />
que por el tronco va hasta la altura,<br />
y así la teje arriba y encadena,<br />
que el sol no halla paso a la verdura;<br />
el agua baña el prado con sonido<br />
alegrando la vista y el oído.</p>
<p>Con tanta mansedumbre el cristalino<br />
Tajo en aquella parte caminaba,<br />
que pudieran los ojos el camino<br />
determinar apenas que llevaba.<br />
Peinando sus cabellos de oro fino,<br />
una ninfa del agua do moraba<br />
la cabeza sacó, y el prado ameno<br />
vido de flores y de sombra lleno.</p>
<p>Movióla el sitio umbroso, el manso viento,<br />
el suave olor de aquel florido suelo.<br />
Las aves en el fresco apartamiento<br />
vio descansar del trabajoso vuelo.<br />
Secaba entonces el terreno aliento<br />
el sol subido en la mitad del cielo.<br />
En el silencio sólo se escuchaba<br />
un susurro de abejas que sonaba.</p>
<p>Habiendo contemplado una gran pieza<br />
atentamente aquel lugar sombrío,<br />
somorgujó de nuevo su cabeza,<br />
y al fondo se dejó calar del río.<br />
A sus hermanas a contar empieza<br />
del verde sitio el agradable frío,<br />
y que vayan las ruega y amonesta<br />
allí con su labor a estar la siesta.</p>
<p>No perdió en esto mucho tiempo el ruego,<br />
que las tres de ellas su labor tomaron<br />
y en mirando de fuera, vieron luego<br />
el prado, hacia el cual enderezaron.<br />
El agua clara con lascivo juego<br />
nadando dividieron y cortaron,<br />
hasta que el blanco pie tocó mojado,<br />
saliendo de la arena el verde prado.</p>
<p>Poniendo ya en lo enjuto las pisadas,<br />
escurrieron del agua sus cabellos,<br />
los cuales esparciendo, cobijadas<br />
las hermosas espaldas fueron de ellos.<br />
Luego sacando telas delicadas,<br />
que en delgadeza competían con ellos,<br />
en lo más escondido se metieron,<br />
y a su labor atentas se pusieron.</p>
<p>Las telas eran hechas y tejidas<br />
del oro que el felice Tajo envía,<br />
apurado después de bien cernidas<br />
las menudas arenas do se cría:<br />
y de las verdes hojas reducidas<br />
en estambre sutil, cual convenía<br />
para seguir el delicado estilo<br />
del oro ya tirado en rico hilo.</p>
<p>La delicada estambre era distinta<br />
de los colores que antes le habían dado<br />
con la fineza de la varia tinta<br />
que se halla en las conchas del pescado.<br />
Tanto artificio muestra en lo que pinta<br />
y teje cada Ninfa en su labrado,<br />
cuanto mostraron en sus tablas antes<br />
el celebrado Apeles y Timantes.</p>
<p>Filódoce, que así de aquellas era<br />
llamada la mayor, con diestra mano<br />
tenía figurada la ribera<br />
de Estrimón, de una parte el verde llano.<br />
y de otra el monte de aspereza fiera,<br />
pisado tarde o nunca de pie humano,<br />
donde el amor movió con tanta gracia<br />
la dolorosa lengua del de Tracia.</p>
<p>Estaba figurada la hermosa<br />
Eurídice, en el blanco pie mordida<br />
en la pequeña sierpe ponzoñosa<br />
entre la hierba y flores escondida;<br />
descolorida estaba como rosa<br />
que ha sido fuera de sazón cogida,<br />
y el ánima los ojos ya volviendo,<br />
de su hermosa carne despidiendo.</p>
<p>Figurado se vía extensamente<br />
el osado marido que bajaba<br />
al triste reino de la oscura gente,<br />
y la mujer perdida recobraba;<br />
y cómo después de esto él, impaciente<br />
por miralla de nuevo, la tornaba<br />
a perder otra vez, y del tirano<br />
se queja al monte solitario en vano.</p>
<p>Dinámene no menos artificio<br />
mostraba en la labor que había tejido,<br />
pintando a Apolo en el robusto oficio<br />
de la silvestre caza embebecido.<br />
Mudar luego le hace el ejercicio<br />
la vengativa mano de Cupido.<br />
que hizo a Apolo consumirse en lloro<br />
después que le enclavó con punta de oro.</p>
<p>Dafne con el cabello suelto al viento,<br />
sin perdonar al blanco pie corria<br />
por áspero camino, tan sin tiento<br />
que Apolo en la pintura parecía que,<br />
porque ella templase el movimiento,<br />
con menos ligereza la segura.<br />
El va siguiendo, y ella huye<br />
como quien siente al pecho el odioso plomo.</p>
<p>Mas a la fin los brazos le crecían,<br />
y en sendos ramos vueltos se mostraban.<br />
Y los cabellos. que vencer solían<br />
al oro fino, en hojas se tornaban;<br />
en torcidas raíces se extendían<br />
los blancos pies, y en tierra se hincaban;<br />
llora el amante, y busca el ser primero,<br />
besando y abrazando aquel madero.</p>
<p>Climene, llena de destreza y maña,<br />
el oro y las colores matizando<br />
iba, de hayas una gran montaña,<br />
de robles y de peñas variando;<br />
un puerco entre ellas de braveza extraña,<br />
estaba los colmillos aguzando<br />
contra un mozo; no menos animoso,<br />
con su venablo en mano, que hermoso.</p>
<p>Tras esto el puerco allí se vía herido<br />
de aquel mancebo por su mal valiente,<br />
y el mozo en tierra estaba ya tendido,<br />
abierto el pecho del rabioso diente;<br />
con el cabello de oro desparcido<br />
barriendo el suelo miserablemente,<br />
las rosas blancas por alí sembradas<br />
tornaba con su sangre coloradas.</p>
<p>Adonis este se mostraba que era,<br />
según se muestra Venus dolorida,<br />
que viendo la herida abierta y fiera,<br />
estaba sobre él casi amortecida.<br />
Boca con boca coge la postrera<br />
parte del aire que solía dar vida<br />
al cuerpo, por quien ella en este suelo<br />
aborrecido tuvo al alto cielo.</p>
<p>La blanca Nise no tomó a destajo<br />
de los pasados casos la memoria<br />
y en la labor de su sutil trabajo<br />
no quiso entretejer antigua historia;<br />
antes mostrando de su claro Tajo<br />
en su labor la celebrada gloria,<br />
lo figuró en la parte donde él baña<br />
la más felice tierra de la España.</p>
<p>Pintado el caudaloso río se vía,<br />
que en áspera estrecheza reducido,<br />
un monte casi alrededor ceñía<br />
con ímpetu corriendo y con ruido;<br />
querer cercallo todo parecía<br />
en su volver, mas era afán perdido;<br />
dejábase correr en fin derecho,<br />
contento de lo mucho que había hecho.</p>
<p>Estaba puesta en la sublime cumbre<br />
del monte, y desde allí por él sembrada<br />
aquella ilustre y clara pesadumbre<br />
de antiguos edificios adornada.<br />
De allí con agradable mansedumbre<br />
el Tajo va siguiendo su jornada,<br />
y regando los campos y arboledas<br />
con artificio de las altas ruedas.</p>
<p>En la hermosa tela se veían<br />
entretejidas las silvestres diosas<br />
salir de la espesura, y que venían<br />
todas a la ribera presurosas,<br />
en el semblante tristes, y traían<br />
cestillos blancos de purpúreas rosas,<br />
las cuales esparciendo derramaban<br />
sobre una ninfa muerta, que lloraban,</p>
<p>Todas con el cabello desparcido<br />
lloraban una ninfa delicada,<br />
cuya vida mostraba que había sido<br />
antes de tiempo y casi en flor cortada.<br />
Cerca del agua en el lugar florido,<br />
estaba entre las hierbas degollada,<br />
cual queda el blanco cisne cuando pierde<br />
la dulce vida entre la hierba verde.</p>
<p>Una de aquellas diosas, que en belleza,<br />
al parecer, a todas excedía,<br />
mostrando en el semblante la tristeza<br />
que del funesto y triste caso había<br />
apartado algún tanto, en la corteza<br />
de un álamo estas letras escribía<br />
como epitafio de la ninfa bella,<br />
que hablaban así por parte de ella.</p>
<p>&#8220;Elisa soy, en cuyo nombre suena<br />
y se lamenta el monte cavernoso,<br />
testigo del dolor y grave pena<br />
en que por mí se aflige Nemoroso,<br />
y llama ¡Elisa!&#8230; ¡Elisa! a boca llena<br />
responde el Tajo, y lleva presuroso<br />
al mar de Lusitania el nombre mío,<br />
donde será escuchado, yo lo fío.&#8221;</p>
<p>En fin en esta tela artificiosa<br />
toda la historia estaba figurada,<br />
que en aquella ribera deleitosa<br />
de Nemoroso fue tan celebrada;<br />
porque de todo aquesto y cada cosa<br />
estaba Nise ya tan lnformada,<br />
que llorando el pastor, mil veces ella<br />
se enterneció escuchando su querella.</p>
<p>Y porque aqueste lamentable cuento<br />
no sólo entre las selvas se contase,<br />
mas dentro de las ondas sentimiento<br />
con la noticia desto se mostrase,<br />
quiso que de su tela el argumento<br />
la bella ninfa muerta señalase<br />
y así se publicase de uno en uno<br />
por el húmedo reino de Neptuno.</p>
<p>Destas historias tales variadas<br />
eran las telas de las cuatro hermanas,<br />
las cuales con colores matizadas<br />
claras y luces de las sombras vanas,<br />
mostraban a los ojos relevadas<br />
las cosas y figuras que eran llanas,<br />
tanto, que al parecer el cuerpo vano<br />
pudiera ser tomado con la mano.</p>
<p>Los rayos ya del sol se trastornaban,<br />
escondiendo su luz al mundo cara<br />
tras altos montes, y a la luna daban<br />
lugar para mostrar su blanca cara;<br />
los peces a menudo ya saltaban,<br />
con la cola azotando el agua clara,<br />
cuando las Ninfas, la labor dejando,<br />
hacia el agua se fueron paseando.</p>
<p>En las templadas ondas ya metidos<br />
tenían los pies, y reclinar querían<br />
los blancos cuerpos, cuando sus oídos<br />
fueron de dos zampoñas que tañían<br />
suave y dulcemente, detenidos;<br />
tanto, que sin mudarse las oían,<br />
y al son de las zampoñas escuchaban<br />
dos pastores a veces que cantaban.</p>
<p>Más claro cada vez el son se oía,<br />
de los pastores, que venían cantando<br />
tras el ganado, que también venía<br />
por aquel verde soto caminando;<br />
y a la majada, ya pasado el día,<br />
recogido le llevan, alegrando<br />
las verdes selvas con el son suave<br />
haciendo su trabajo menos grave.</p>
<p>Tirreno de estos dos el uno era,<br />
Alcino el otro, entrambos estimados,<br />
y sobre cuantos pacen la ribera<br />
del Tajo con sus vacas enseñados;<br />
mancebos de una edad, de una manera<br />
a cantar juntamente aparejados<br />
y a responder, aquesto van diciendo,<br />
cantando el uno, el otro respondiendo.</p>
<p>TIRRENO</p>
<p>Flérida, para mi dulce y sabrosa<br />
más que la fruta del cercado ajeno,<br />
más blanca que la leche, y más hermosa<br />
que el prado por abril de flores lleno:<br />
si tú respondes pura y amorosa<br />
al verdadero amor de tu Tirreno,<br />
a mi majada arribarás primero<br />
que el cielo nos muestre su lucero.</p>
<p>ALCINO</p>
<p>Hermosa Filis, siempre yo te sea<br />
amargo al gusto más que la retama,<br />
y de ti despojado yo me vea,<br />
cual queda el tronco de su verde rama,<br />
si más que yo el murciélago desea<br />
la oscuridad, ni más la luz desama,<br />
por ver ya el fin de un término tamaño<br />
de este día; para mí mayor que un año.</p>
<p>TIRRENO</p>
<p>Cual suele acompañada de su bando<br />
aparecer la dulce primavera,<br />
cuando Favonio y Céfiro soplando<br />
al campo toman su beldad primera,<br />
y van artificiosos esmaltando<br />
de rojo, azul y blanco la ribera,<br />
en tal manera a mi Flérida mía<br />
viniendo, reverdece mi alegría.</p>
<p>ALClNO</p>
<p>¿Ves el furor del animoso viento<br />
embravecido en la fragosa sierra<br />
que los antiguos robles ciento a ciento,<br />
y los pinos altísimos atierra,<br />
y de tanto destrozo aún no contento,<br />
al espantoso mar mueve la guerra?<br />
Pequeña es esta furia, comparada<br />
a la de Filis, con Alcino airada.</p>
<p>TIRRENO</p>
<p>El blanco trigo multiplica y crece<br />
produce el campo en abundancia y tierno<br />
pasto al ganado; el verde monte ofrece<br />
a las fieras salvajes su gobierno-,<br />
a do quiera me miro, me parece<br />
que derrama la copia todo el cuerno;<br />
mas todo se convertirá en abrojos,<br />
si de ello aparta Flérida sus ojos.</p>
<p>ALCINO</p>
<p>De la esterilidad es oprimido<br />
el monte, el campo, el soto y el ganado;<br />
la malicia del aire corrompido<br />
hace morir la yerba mal su grado;<br />
las aves ven su descubierto nido,<br />
que ya de verdes hojas fue cercado;<br />
pero si Fllis por aqui tornare,<br />
hará reverdecer cuanto mirare.</p>
<p>TIRRENO</p>
<p>El álamo de Alcides escogido<br />
fue siempre, y el laurel del rojo Apolo;<br />
de la hermosa Venus fue tenido<br />
en precio y en estima el mirto solo;<br />
el verde sauce de Flérida es querido,<br />
y por suyo entre todos escogiólo:<br />
doquiera que de hoy más sauces se hallen,<br />
el álamo, el laurel y el mirto callen.</p>
<p>ALCINO</p>
<p>El fresno por la selva en hermosura<br />
sabemos ya que sobre todos vaya,<br />
y en aspereza y monte de espesura<br />
se aventaja la verde y alta haya;<br />
mas el que la beldad de tu figura,<br />
donde quiera mirando, Filis, haya,<br />
al fresno y a la haya en su aspereza<br />
confesará que vence tu belleza.</p>
<p>Esto cantó Tirreno, y esto Alcino<br />
le respondió; y habiendo ya acabado<br />
el dulce son, siguieron su camino<br />
con paso un poco más apresurado.<br />
Siendo a las ninfas ya el rumor vecino,<br />
juntas se arrojan por el agua a nado;<br />
y de la blanca espuma que movieron,<br />
las cristalinas ondas se cubrieron.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Poema El Loco de Leopoldo Maria Panero</title>
		<link>http://escritoresypoetas.com/poema-el-loco-de-leopoldo-maria-panero.html</link>
		<comments>http://escritoresypoetas.com/poema-el-loco-de-leopoldo-maria-panero.html#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 29 Jan 2010 00:42:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Estudiante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poemas cortos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Leopoldo Maria Panero]]></category>
		<category><![CDATA[Poeta Español]]></category>

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		<description><![CDATA[El Loco He vivido entre los arrabales, pareciendo un mono, he vivido en la alcantarilla transportando las heces, he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas y aprendido a nutrirme de lo que suelto. Fui una culebra deslizándose por la ruina del hombre, gritando aforismos en pie sobre los muertos, atravesando mares de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>El Loco</strong></p>
<p style="text-align: center;">He vivido entre los arrabales, pareciendo<br />
un mono, he vivido en la alcantarilla<br />
transportando las heces,<br />
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas<br />
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.<br />
Fui una culebra deslizándose<br />
por la ruina del hombre, gritando<br />
aforismos en pie sobre los muertos,<br />
atravesando mares de carne desconocida<br />
con mis logaritmos.<br />
Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla<br />
y que mis padres me sedujeron para<br />
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.<br />
He enseñado a moverse a las larvas<br />
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír<br />
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.<br />
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,<br />
y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda<br />
ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»<br />
y «qué oscuro es tu nombre».<br />
He vivido los blancos de la vida,<br />
sus equivocaciones, sus olvidos, su<br />
torpeza incesante y recuerdo su<br />
misterio brutal, y el tentáculo<br />
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies<br />
frenéticos de huida.<br />
He vivido su tentación, y he vivido el pecado<br />
del que nadie cabe nunca nos absuelva.</p>
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		<title>Las flores &#124; Teresa Domingo Catalá</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jan 2010 11:21:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Estudiante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poemas del Alma]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[flores]]></category>
		<category><![CDATA[imagenes tulipanes]]></category>
		<category><![CDATA[los tulipanes]]></category>
		<category><![CDATA[Poeta Español]]></category>
		<category><![CDATA[Teresa Domingo Catalá]]></category>

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		<description><![CDATA[Florecemos, aupados por la lumbre, con la inocencia de agua que respira el anónimo olor de los claveles. Nos embrujan las plantas y los pájaros, el desuello, las flores invernales, como una cantinela abovedada que resurge del polvo de los días. La noche es una estrella sin raíces que ampara el canto triste de las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-medium wp-image-502" title="Flores de papel y primavera tulipanes morados" src="http://escritoresypoetas.com/wp-content/uploads/2010/01/flores-de-papel-primavera-300x225.jpg" alt="Flores de papel y primavera tulipanes morados" width="300" height="225" /><br />
Florecemos, aupados por la lumbre,<br />
con la inocencia de agua que respira<br />
el anónimo olor de los claveles.</p>
<p style="text-align: center;">Nos embrujan las plantas y los pájaros,<br />
el desuello,  las flores invernales,<br />
como una cantinela abovedada<br />
que resurge del polvo de los días.</p>
<p style="text-align: center;">La noche es una estrella sin raíces<br />
que ampara el canto triste de las horas<br />
en las que se suceden ansia y espejo.</p>
<p style="text-align: center;">Es la naturaleza de la noche<br />
escuchar el silencio de los búhos,<br />
atesorar el llanto del murciélago.</p>
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		<title>Lluvia &#124; del escritor Miguel Florián</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 21:34:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Estudiante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poemas cortos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritor Español]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Florián]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de llover]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de lluvia]]></category>
		<category><![CDATA[Poeta Español]]></category>

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		<description><![CDATA[El agua deslíe la conciencia, una a una empapa las imágenes, se agitan sus reflejos, tiemblan sólo un instante sobre la herida. Nunca acabará la lluvia. En la memoria llueve, vuelvo a ver los charcos de la infancia, una manta empapada sobre vagas cabezas, y un rostro muy fugaz de mujer. Siempre estuvo lloviendo, los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">El agua deslíe la conciencia, una a una<br />
empapa las imágenes, se agitan sus reflejos,<br />
tiemblan sólo un instante sobre la herida. Nunca<br />
acabará la lluvia. En la memoria llueve,<br />
vuelvo a ver los charcos de la infancia, una manta<br />
empapada sobre vagas cabezas, y un rostro<br />
muy fugaz de mujer. Siempre estuvo lloviendo,<br />
los pájaros perdidos buscaban entibiarse<br />
en nuestra sangre. Aquella boca de tibia luna<br />
enmudecida y fría, sobre la yerba húmeda&#8230;<br />
¿A dónde lleva el agua esas semillas?, ¿en qué mar<br />
desembocan?, ¿en qué madre germinan?, ¿acaso<br />
el alma es tierra y luego, ya en sazón,  fructifican<br />
bajo el temblor de la memoria? Tocar el mundo<br />
con nuestras manos ciegas, y luego, en el recuerdo,<br />
otro mundo renace más intenso. Aquella<br />
mano posada sobre el tiempo, aquella frente<br />
con su gesto de arcilla, y este turbio afán<br />
del hombre por alzar su casa derruida<br />
bajo la tempestad, esta inquietud de abrir<br />
en las ondas de todos los regatos la entraña<br />
encendida del musgo. Sí, ¿en qué océano<br />
en qué lecho se vierten las palabras?, ¿qué muelles<br />
refugian a sus barcos? El cielo es agua quieta,<br />
y el polvo, y los vestigios que espejean y abrasan<br />
en su luz la conciencia. Náufragos todos bajo<br />
idéntico aguacero, peregrinos del sueño,<br />
creciendo sobre el pecho del tiempo, sosteniéndonos<br />
sobre la mano incierta de un dios que nos ignora.</p>
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