Reto a la Muerte













la muerte

Alguien o algo vi mientras dormía,
Extraviado en fugaces recuerdos,
es una mujer ¡ yo la veía ¡,
Sueños son, solo mis sueños…
pero no es una sola criatura
son varias formadas en la fila
Todas gozan de angelical figura,
con un halo de luz que las perfila.
Son los amores que he vivido,
Ahí está mi primer amor,
Y la que me dio su cruel olvido,
Y a la que herí con mi traición.
Las veo como fantasmas
Flotando sobre el lecho del camino,
Extendiendo sus brazos me reclaman
Escuchándolas decir vente conmigo.
De pronto se funden en un Ente,
Maravillosa mujer de gran blancura,
Me dice ven a mi yo soy la muerte.
Que ha venido por ti llego la hora.
Mi rostro se contrajo ante el impacto,
Al escuchar la voz que me aterraba,
Con valor le conteste en el acto,
¡Bienvenida mujer ya te esperaba¡.
A pesar del miedo del momento,
Había en mi algo más profundo,
La alegría de saber que ya era el tiempo,
De abandonar satisfecho.. este mundo.
Antes que me atrapes en tus lazos.
Quiero que me concedas un favor,
Siempre espere fuera en los brazos,
De una mujer el momento del adiós.
Está bien me contesto, escoge,
Entre las damas que viste a mi llegada,
Contesté si ellas están en tu andamiaje,
Te escojo a ti mujer, como mi amada.
Está bien me dijo inquieta,
Nunca imagine lo que demandas,
Si soy muerte que de vida se alimenta,
Cambiare mi menú por ricas viandas.
Comencé a besar su cuerpo frio,
Cada rincón de su hermosa albura,
Le profese caricias con tal brío
de pación desbordante y gran ternura.
Con toda mi experiencia no lograba,
Atraparla en las redes del placer,
Más de pronto oí que suspiraba,
Y mis caricias prontas a responder.
Sentí el calor en sus mejillas,
Me provoco a continuar desenfrenado,
Separo lentamente sus rodillas,
Y nos unimos en el encuentro apasionado.
De pronto se aparto muy lentamente,
Admire su hermoso cuerpo por un momento
Me recosté sobre su pecho suavemente
Y percibí como su corazón calló en silencio.
Te quedaras aquí hoy no es tu día,
No puedes irte has ganado el reto,
Esperare con impaciencia reprimida,
El volver a sentirte a mi regreso.
Se escucho un ruido conocido,
El timbre del teléfono sonaba,
Mi esposa con su sueño interrumpido,
Contesto para escuchar quien nos llamaba.
Después de cruzar unas palabras,
Colgó el auricular con gran revuelo,
Sonriendo me miro embelesada
¡Felicidades señor¡..! Somos abuelos¡.
A muerte señora de mis sueños
Te agradezco la lección ya que es muy cierto,
Que de nada en este mundo somos dueños,
Sin una vida feliz y estar despierto.
Desde entonces cada noche le profeso,
A mi mujer mis caricias con mas brío
Buscando en el calor de cada beso
El volver a ganar el desafío.

Colaboración Efrén Romero Acuña

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