El rosal en su inquieto modo de florecer
va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal:
Tantas son que la planta morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente.

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Vamos, escucha una cosa,
decía una mariposa,
a su hijo en el capullo.

Todo en la tierra es tuyo,
en especial cuida la rosa.

Ejercita bien tu ala,
hazlo con sentimiento,
por si viene un fuerte viento,
y con gran fuerza te jala.

No juegues cerca del suelo,
puede haber un pequeñísimo,
que por que querer agarrarte,
puede apretarte y matarte.

Aléjate de las espinas,
pues si llegas a rasgarte,
te comerán las ardillas,
pues no podrás elevarte.

Y cuando se halle lloviendo,
cúbrete bajo una hoja,
una que sea muy fuerte,
y así me evitas congoja.

Hijo me estás oyendo?

Que lección de aquí sacamos?
Que no basta un buen cobijo,
cuando se ama a un hijo,
también consejos les damos!

Pues para llegar a viejo,
no basta solo salud,
se necesita el consejo,
que forje buena virtud.

Bernardo Arzate

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Un día amaneció,
con mucha tristeza
en mí interior.
Ese era el día a día,
de mí triste corazón.
Pero con firmeza esperé,
y al fin encontré…:
lo que andaba buscando,
lo que iba añorando…
…era tenerte a ti.
Porque antaño,
tristemente latía mí corazón,
ahora contigo late de emoción.
Juntos debemos estar,
para poder reanudar,
esa felicidad,
que se nos prohibió,
porque juntos,
abrimos nuestro corazón.

Carlos Mendez Veraguas

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Atardecer

Siento mi corazón en la dulzura
fundirse como ceras:
son un óleo tardo
y no un vino mis venas,
y siento que mi vida se va huyendo
callada y dulce como la gacela.

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El Loco

He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla
y que mis padres me sedujeron para
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.
He enseñado a moverse a las larvas
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,
y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda
ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»
y «qué oscuro es tu nombre».
He vivido los blancos de la vida,
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.

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A veces sin querer duele el olvido,
que a mi lado cruza con estilo indiferente,
a veces un silencio es un sonido,
que resuena en mis oídos quedamente.

A veces la oquedad es un suspiro,
que conduce a inventar nuevos caminos,
a veces hay memorias que estremecen los sentidos
y pasados que maduran entre cirios.

A veces siento que se engarzan mis latidos,
con un pulsar extraño y diferente,
a veces un idilio eclipsa mil hastíos
y nace voluntades imprudentes.

A veces un espectro me persigue,
haciéndome olvidar mis pretensiones,
a veces un ruiseñor me florece
y en secreto me confiesa sus pasiones.

A veces me sumerjo en unas manos,
que me hacen divagar por espacios infinitos,
a veces los dominios son fracasos vanos,
que son metal corriente ligeros y gratuitos.

A veces amo sin razón y sin sentido,
porque este corazón es de mi alma soberano,
a veces me desnudo entre nostalgias que se han ido
buscando que mi amor….. desista de villano.

Colaboración de : Maria Eugenia Camacho

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