Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
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En Escritores Y Poetas podrás encontrar las mejores frases de amor para dedicar a la persona que te gusta o al amor de tu vida, poemas de amor para esas personas importantes para ti, los mejores poemas, escritos y relatos de los más importantes escritores y poetas del mundo, desde los conocidos hasta los desconocidos. En Escritores y Poetas nos esforzamos por mostrarle diariamente por lo menos un poema o frase para dedicar.
Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
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¿Y nunca, nunca más, ni en noches llenas
de temblor de astros, ni en las alboradas
vírgenes, ni en las tardes inmoladas?
¿Al margen de ningún sendero pálido,
que ciñe el campo, al margen de ninguna
fontana trémula, blanca de luna?
¿Bajo las trenzaduras de la selva,
donde llamándolo me ha anochecido,
ni en la gruta que vuelve mi alarido?
¡Oh, no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde,
en remansos de cielo o en vórtice hervidor,
bajo unas lunas plácidas o en un cárdeno horror!
¡Y ser con él todas las primaveras
y los inviernos, en un angustiado
nudo, en torno a su cuello ensangrentado!
Gabriela Mistral fue hija de Juan Jerónimo Godoy Villanueva, profesor, y Petronila Alcayaga Rojas, modista de ascendencia vasca. Gabriela Mistral nació en Vicuña, ciudad en la que hoy hay un museo dedicado a ella en la calle donde nació y que hoy lleva su nombre. A los diez días sus padres se la llevaron a La Unión (hoy Pisco Elqui), pero su “amado pueblo”, como ella misma decía, era Montegrande, donde vivió de los tres a los nueve años, y donde pidió que le dieran sepultura.
Sus abuelos paternos, oriundos de la actual región de Antofagasta, fueron Gregorio Godoy e Isabel Villanueva; y los maternos, Francisco Alcayaga Barraza y Lucía Rojas Miranda. La Mistral tuvo una media hermana, que fue su primera maestra, Emelina Molina Alcayaga, y cuyo padre fue Rosendo Molina Rojas.
Aunque su padre abandonó el hogar cuando ella tenía aproximadamente 3 años, Gabriela Mistral lo quiso y siempre lo defendió. Cuenta que “revolviendo papeles”, encontró unos versos suyos, “muy bonitos”. “Esos versos de mi padre, los primeros que leí, despertaron mi pasión poética”, escribió.
De niña sufrió al parecer una violación que la marcó de por vida, que “almacenó en su inconsciente todas las pruebas de que en cualquier momento el mundo, es decir el hombre, podía agredirla en forma salvaje”.
Fuente: Wikipedia
La felicidad me embarga,
al contemplar lo bellas que son las flores
y poder coger entre ellas
una rosa que destaque
aunque desangre mis manos
al quererla yo arrancar.
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