Señora Luna

imagenes luna
La luna está enamorada
pero no existen encuentros.
El la cita en las mañanas
cuando está muerta de sueño.
Ella explica  su trabajo
bastante duro y difícil.
Me saturo por las noches
de reclamos y pedidos.
Debo regir las mareas,
ver cuando se siembra el trigo,
sonreirle a las parejas
que se besan junto al río.
¡Pobre lunita cansada
ante tanta indiferencia!
Pero su dorado amigo,
Bello,fogoso, impulsivo
tiene muchas exigencias.
Pobre la luna cansada,
se acuesta de madrugada
llorando, con mucho frío.
Él, se despierta y observa
sigiloso su ventana,
despuésextiende los brazos

¡¡¡¡y besa una a rosa blanca!!!!

Lydia Raquel Pistagnesi, de su libro infantil “Duendes de la Lluvia”


Poema un Abrazo

Abrázame fuerte,
para que pueda sentir
lo que es la pasión en tus brazos
y la felicidad de tus labios,
mírame profundo,
para que mirándote me enamores
y con una caricia
te entregue mi vida.


10 poemas cortos de amor

poemas cortos

Te quiero,
te lo digo,
vivir sin ti,
no consigo.

Quiéreme
como yo a
ti, porque
solo tú vi-
ves en mí.

El amor me
vuelve loca,
sálvame con
un beso de
tu boca. Leer mas»


La historia del lápiz

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Balada de mi nombre, por Gabriela Mistral

El nombre mío que he perdido,
¿dónde vive, dónde prospera?
Nombre de infancia, gota de leche,
rama de mirto tan ligera.

De no llevarme iba dichoso
o de llevar mi adolescencia
y con él ya no camino
por campos y por praderas.

Llanto mío no conoce
y no la quemó mi salmuera;
cabellos blancos no me ha visto,
ni mi boca con acidia,
y no me habla si me encuentra.

Pero me cuentan que camina
por las quiebras de mi montaña
tarde a la tarde silencioso
y sin mi cuerpo y vuelto mi alma.
Gabriela Mistral


Poema Mi Villa de Ramón López Velarde

Si yo jamás hubiera salido de mi villa,
con una santa esposa tendría el refrigerio
de conocer el mundo por un solo hemisferio.

Tendría, entre corceles y aperos de labranza,
a Ella, como octava bienaventuranza.

Quizá tuviera dos hijos, y los tendría
sin un remordimiento ni una cobardía.

Quizá serían huérfanos, y cuidándolos yo,
el niño iría de luto, pero la niña no.

¿No me hubieras vivido, tú, que fuiste una aurora,
una granada roja de virginales gajos,
una devota de María Auxiliadora
y un misterio exquisito con los párpados bajos?

Hacia tu pie, hermosura y alimento del día,
recién nacidos, piando y piando de hambre
rodaran los pollitos, como esferas de estambre.

Quiero otra vez mis campos, mi villa y mi caballo
que en el sol y en la lluvia lanza a mitad del viaje
su relincho, penacho gozoso del paisaje.

Corazón que en fatigas de vivir vas a nado
y que estás florecido, como está la cadera
de Venus, y ceniciento cual la madera
en que grabó su puño de ánima el condenado:
tu tarde será simple, de ejemplar feligrés
absorto en el perfume de hogareños panqués
y que en la resolana se santigua a las tres.

Corazón; te reservo el mullido descanso
de la coqueta villa en que el señor mi abuelo
contaba las cosechas con su pluma de ganso.

La moza me dirá con su voz de alfeñique
marchándose al rosario, que le abrace la falda
ampulosa, al sonar el último repique.

Luego resbalaré por las frutales tapias
en recuerdo fanático de mis yertas prosapias.

Y si la villa, enfrente de la jocosa luna,
me reclama la pérdida de aquel bien que me dio,
sólo podré jurarle que con otra fortuna
el niño iría de luto, pero la niña no.