Pablo Neruda – Poema I













20 poemas de amor y una canción desesperada
Por Pablo Neruda

Poema 1
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

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1 Comentario para “Pablo Neruda – Poema I”

  1. MA. EUGENIA R. CAMACHO says:

    Con gusto una vez más envío uno de mis poemas, para integrarlo a ésta sección que me encanta, espero le(s) guste.

    Reflexión nocturna

    Me gusta escuchar el viento cuando calla,
    encontrar divagando tu fulgor en las estrellas
    que la luna me revele tu mayor secreto,
    que desnudes tu alma, que dejes tus huellas.

    Hundirte en el fondo de mis realidades,
    sentir tu inocencia a pesar del tiempo,
    saborear en tu lengua tu sin fin de tempestades
    extender nuestras alas, volar en el tiempo.

    Extasiarme en lo prohibido sin sentirme fugitiva,
    ser la clave con que marcas el compás de tus proyectos,
    inventar nuevos senderos soslayando la deriva,
    esparcir al viento cenizas, hacer las aflicciones; desiertos.

    Escribir tus actitudes con tinta escarlata,
    en las páginas francas que componen mi libro
    arrojar al abismo vivencias ingratas
    alejar nuestras vigilias del peligro.

    Rescatar del precipicio perlas y diamantes,
    que el ocaso escondió en sus aventuras,
    saciar con agua dulce la sed que nos consume
    limpiar nuestras esencias de vanas envolturas.

    Colmar el hambre y sed de paraísos,
    volver amanecer a la negrura,
    dejar que una fibra deleznable y sigilosa
    diseñe el perfil de una nueva arquitectura.

    Ser aprendiz en el universo de un tablero
    que una oculta y diestra mano me sitúe
    en el arte más profundo y absoluto
    de vivir con plenitud y con mesura.

    Maru

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